Enfermeras con mucha historia y grandes historias

Enfermeras con mucha historia y grandes historias

 

El alma tiene pasado, tiene HISTORIA y también tiene presente (el hoy) y también un futuro lleno de HISTORIAS que llenan y llenarán la vida. También, las enfermeras tienen historia, tienen un pasado con muchos altibajos y sin duda, con grandes, grandes profesionales.

 
La HISTORIA de las enfermeras se cree que apareció en la Edad Media. Las enfermeras eran en su mayoría mujeres sin formación que ayudaban a traer niños al mundo o eran nodrizas. Por otro lado, el cuidado de los enfermos/as estaba muy asociado a las monjas, con más formación y un voto religioso que les impedía cuidar de los más débiles. Más adelante, se comenzó el ministerio de cuidado de los enfermos y hambrientos. A partir de ahí, hay momentos importantes cómo La fundación de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios o el de las Hija de la Caridad, donde las mujeres comenzaron a jugar un papel más importante en la enfermería organizada. A lo largo de los años, las guerras aumentaron la necesidad de enfermeras y tuvieron una gran influencia en la evolución de la enfermería. Así, Florence Nightingale, es ampliamente considerada como la madre de la enfermería moderna. Sus esfuerzos de saneamiento disminuyeron drásticamente la tasa de mortalidad en las guerras y a su vuelta fundó la Escuela Florence Nightingale para Enfermeras en Londres. Fue el primer paso para la auténtica profesionalización de la enfermería. En 1861 las enfermeras empezaron a usar uniforme.
 

Y junto a ello, tenemos HISTORIAS donde las enfermeras son la clave para una atención hecha con honestidad, con humildad, con hechos, con humor, con habilidades y con un toque de heroísmo, de coraje y de talento. Es recoger historias, como dice Lola Montalvo, de esos hombres y mujeres que se dejan a diario la piel en los quirófanos, en los servicios de urgencias, en los centros de salud y consultorios, en las plantas y servicios de especialidades o de medicina interna o de cirugía, en las unidades de cuidados intensivos, en los centros de ancianos y de personas con discapacidad, en los centros de diagnóstico. Como cuenta Lola, poca gente conoce el devenir diario de la labor de las enfermeras y que, por ello, no se valora adecuadamente. Pocos saben del criterio profesional y científico, del constante anhelo de superación y de la increíble capacidad de renovación e investigación.

 

Hay quien recuerda como si fuera ayer, su primer día de trabajo como enfermera en momentos difíciles donde algunas mujeres arriesgaron su vida para conseguir ejercer su profesión de manera noble y ser independientes en un momento en nuestro país, en que eso era casi un imposible. Son historias como las de mujeres con verdadera vocación, trabajadoras, luchadoras y, sobre todo, empáticas y humanas.
Enfermeras que dan y pacientes que agradecen. Humanidad y profesionalidad van de la mano en el día a día de las y los enfermeros españoles. Y es que no hay un solo día, una sola hora, un solo minuto ni un solo segundo en el que una enfermera no esté al lado del paciente, sea sábado, domingo, festivo, Nochebuena, Nochevieja, Semana Santa o verano.
Y así podemos recordar a esas enfermeras que sacan a la luz muchos de los gestos que tienen cada día con pacientes y familiares para hacerles el paso por el hospital y/o por el centro de salud más fácil. Gestos que en muchas ocasiones también pasan desapercibidos, cosa que no ocurrió con este mensaje de una enfermera de Madrid:
Como enfermera me he metido la bolsa de sangre que te iba a trasfundir dentro de mi uniforme, para calentarla con mi cuerpo y no provocarte una hipotermia.
Como enfermera he visto tus lágrimas al abrazar por primera vez a tu bebé prematuro.
 
Te he visto llorar cuando has perdido a tu bebé de 2 meses. Te he visto coger el primer aliento después de salir del coma y he reconocido cuando estabas dejando de respirar.
 
Como enfermera he visto a tus hijos desesperados porque no les reconocías y he reído contigo cuando me decías que qué cambiado estaba el mundo.
Me has querido emparentar con tu nieto y me has dado bombones. Me has preguntado que cuándo descansaba y qué hacía trabajando a esas horas en navidad.
 
Me he quedado sentada contigo cuando sacaba dos minutos de mi tiempo para ayudarte a poner el canal que me pedías. Me he quedado casi tumbada en tu pecho acompañándote un ratito a ver esa peli que tanto te gusta.
 
Como enfermera te he pinchado más veces de la cuenta y veías en mi cara que me dolía tanto como a ti hacerte daño.
Como enfermera no he podido evitar tu sufrimiento y he tenido que tragar saliva cuando te marchabas.
 
Me ha tocado darte la mano cuando te daban malas noticias, y me ha tocado darle las malas noticias a tus hijos por teléfono.
 
He tenido que curar las heridas que te provocaba estar en cama durante meses y he visto como cerraban. He visto también como te salían heridas nuevas.
Como enfermera he corrido por el pasillo cuando he visto en el monitor que tu corazón se estaba apagando, y te he ayudado a respirar con diversos aparatajes.
 
Como enfermera me ha tocado calentarte el café y ayudarte a comer, también me ha tocado parar porque te estabas ahogando.
 
Tu familia me ha visto mirarte cuando estabas inconsciente y tu me has escuchado contarte que había sido un día duro a pesar de que tuvieras los ojos cerrados.
 
Me he equivocado con tu medicación y me he pinchado con tu aguja. Me he tenido que salir de la habitación cuando tu marido lloraba al perderte porque no podía contener las lágrimas, y me has visto despedirte y desearte suerte al alta hospitalaria.
 
Te he enseñado a ti y a tu familia cómo cuidarte cuando estés en casa y pequeños consejos para hacerte la vida más llevadera cuando no estés en el hospital.
 
Me has oído mil veces decirte que dejes de fumar y al final del día he pensado en ti en mi casa, en cómo estarás… en si estarás mejor.
 
Como enfermera he hecho de tu viaje el mío y tú eres cada parte de mi día.
Gracias a ti soy enfermera.
 
O también esta reacción de una enfermera australiana cuando le decían que solo era una enfermera: ¿Soy solo una enfermera? He ayudado a bebés, muchos de los cuales necesitaron ayuda para tomar su primera respiración, y sin embargo, solo soy enfermera. Y hago cosas tan importantes como la RCP a pacientes y devolverles la vida, explicar cómo las enfermeras somos la vista, los oídos y las manos de los/as médicos/as y que tenemos la capacidad de evaluar, tratar y controlar las enfermedades y, sobre todo, somos capaces de educar a pacientes y cuidadores. Y seguía: Tengo el conocimiento y la experiencia que salva la vida de personas, explicando de la importancia del respeto mutuo y de no poner en valor por el título, el trabajo de alguien ya que las enfermeras, al igual que los/as médicos/as, somos profesionales de la salud que tenemos el conocimiento para ayudar a salvar las vidas de las personas. Y que nunca deberíamos infravalorar su trabajo ni el de ninguna otra persona independientemente de su profesión o título.

 

Frases, sin duda, preciosas, llenas de cuidados, de maravillosas profesionales, de un trabajo muy bonito y valioso, lleno de hermosos y verdaderos hechos.

 

Como decía una enfermera:
“Como enfermera me queda la satisfacción personal de haber ayudado en esos momentos tan difíciles a mucha gente y con esa ayuda me he ayudado a mi misma a crecer como persona. Si algo he aprendido en todo el tiempo que llevo de enfermera es que todos necesitamos de todos”.